"Como hombre sentí una profunda vergüenza... permitiendo que esta violencia y exclusión ocurriera en mi sociedad"

Living Peace Conference Closing Day 2016

"Como hombre sentí una profunda vergüenza... permitiendo que esta violencia y exclusión ocurriera en mi sociedad"

Lunes, 16. Enero 2017

Camilo Villa, de Colombia, con su esposa Luz Stella, ha desarrollado un programa para mujeres que han pasado la mayor parte de su vida en la prostitución. Camilo estuvo participando en la conferencia del XXV Aniversario de Creadoras de Paz, "Viviendo la Paz", en Caux en 2016, en la sesión "Contando una Nueva Historia". Su esposa, Luz Stella, es una de las Coordinadoras Internacionales de Creadoras de Paz.  

Camilo Villa and Luz Stella Camacho

Lo llamamos la "Academia de Belleza". Es una iniciativa que pretende crear un espacio seguro para las mujeres. Son mayores de 45 años y están buscando nuevos caminos por delante.

We used to meet at the facilities of a Catholic foundation run by nuns of the Buen Pastor community. We combine two core elements in our approach:

Solíamos reunirnos en las instalaciones de una fundación católica dirigida por monjas de la comunidad del Buen Pastor. En nuestro enfoque combinamos dos elementos básicos:

  • Trabajo Interno: para sanar sus profundas heridas y comprender de major manera quiénes son, su esencia y belleza única.
  • Emprenimiento: la búsqueda para encontrar el proyecto a través del cual cada una de ellas podrá brillar, ganarse la vida y florecer. Traer belleza al mundo.

Belleza interior y belleza exterior. Es por eso que lo llamamos la Academia de Belleza. No pueden imaginar cuanta sanación se dado entre todos nosotros.

Estas mujeres eran ya demasiado viejas para ese negocio. Terminaron allí como resultado de un evento doloroso en sus vidas, rara vez como una decisión consciente o planificada. La mayoría de ellas tienen hijos (a menudo de un padre desconocido o ausente), y algunas tienen nietos. No es extraño que sus familias no sepan acerca de esta otra dimensión de sus vidas, la vergüenza que les causa hace que sea demasiado difícil de compartir.

En sus CV apenas pueden identificar sus habilidades y casi ninguna experiencia de trabajo. Por lo tanto, encontrar un trabajo formal y estable es casi imposible. Más allá de su modo de vida altamente vulnerable, lo que les resulta más difícil y desafiante es confiar en su propio poder, confiar en sí mismas, en las personas y en las instituciones.

Han sufrido muchas decepciones, traiciones, abusos, violencia y otras desagradables experiencias, que confiar en su propia belleza, y por supuesto en otros, es un gran obstáculo. El principal desafío no es identificar una empresa posible por delante, sino tener la voluntad de lanzarse a ella con confianza.

El barrio rojo de Bogotá se encuentra al lado de una avenida principal. Al pasar por allí es posible ver a esas mujeres de pie a la entrada de casas extrañas, bares, clubes y hoteles. Su comportamiento es similar al que se observa en cualquier otra ciudad, llevando ropa extremadamente sexy, caminando de manera provocativa, con maquillaje intenso, todos los trucos para atraer la atención de cualquier posible cliente.

Como en inglés, cuando queremos insultar a alguien, lo llamamos hijo de puta. Cuando una mujer va fácilmente a la cama con cualquier hombre se le etiqueta como una puta. Son consideradas una amenaza para los matrimonios, son etiquetadas como portadoras de enfermedades y sus valores morales están en cuestión. En otras palabras, la sociedad les da una posición bastante baja en la escala social.

Cuando empezamos esta era también mi línea de pensamiento. El desafío era un viaje a un mundo desconocido. Pero, escucharlas y testimoniar su humanidad fue una experiencia muy impactante. Me emocionaron profundamente sus historias de vida y, sobre todo, su bondad y vulnerabilidad. El contacto con ellas, sus historias, sus temores y su dificultad para soñar fue como una flecha golpeando directamente en mi corazón. Me llevó a entender sus historias desde una perspectiva diferente. Muchas preguntas comenzaron a surgir:

  • ¿Por qué han sido etiquetadas como las chicas malas de la película, mientras que de hecho han sufrido las peores consecuencias e impactos?
  • ¿Por qué los hombres, los que pagan por ese momento de placer, no son señalados?
  • ¿Por qué hemos permitido que la sexualidad se convierta en una mercancía?
  • ¿Por qué excluimos y marginamos a esas mujeres?

Fue difícil.

También me hizo pensar acerca de los hombres que utilizan sus servicios. Debe haber una profunda soledad y vacío en esos corazones para requerir pagar a alguien para tener relaciones sexuales con ellos.

Esos encuentros son encuentros de almas perdidas, completamente desconectadas de sus cuerpos, cada una tratando de escapar de una realidad particular; esos pocos minutos de placer como la píldora para escapar de sus propios dramas.

Como un hombre sentí una profunda vergüenza. Me sentí culpable por permitir que ocurriera esta violencia y esa exclusión en mi sociedad. Nunca he pagado a alguien para estar conmigo, pero he jugado el juego de la seducción de una manera u otra. Ahora entiendo que siempre que hay sexo sin amor de alguna manera eso es una forma de prostitución para ambos, para el hombre y para la mujer. Yo lo he hecho. También he señalado con el dedo a estas mujeres que están de pie en las calles de Bogotá, Bruselas, Amsterdam o... Y he insultado a la gente, usando las peores etiquetas que se dan a cualquiera.

Me sentí avergonzado de mí mismo.

Así que hice lo que he aprendido a hacer al caminar con ustedes, la bella gente de IdeC: pedí perdón. En un Círculo de Conversación les dije a las mujeres lo mal que me sentía al haberlas juzgado, lo mal que me sentía al haber apuntado mi dedo sin primero preguntar y entender y, sobre todo, por no haber honrado la sexualidad como un encuentro sagrado. Les pedí que me perdonaran y lo hice en mi nombre y en nombre de todos los hombres que las han herido de cualquier manera. Me comprometí a trabajar en todas las formas posibles para equilibrar lo masculino y lo femenino en nuestra cultura, honrar a las mujeres y apoyar a los hombres en la sanación y la reconciliación.

Y lo hago hoy. Les hablo a las mujeres Creadoras de Paz, les Artisans de Paix:

En mi nombre y en nombre de todos los hombres les pido que perdonen mi ceguera, mi falta de ternura, mis emociones violentas, mi incapacidad para honrar y aceptar sus ciclos. Y confirmo aquí, con ustedes como mis testigos, mi compromiso de trabajar por el equilibrio entre lo femenino y lo masculino en el planeta, de tal manera que tanto Dios como la Madre Tierra sean honrados en cada uno de mis actos.

A lo largo de este viaje, la belleza inspiradora de mi amada esposa ha sido un regalo precioso que la vida puso en mi camino. A partir de enero de 2017 seré parte del Consejo Internacional de IdeC. Este es el mensaje central que traigo. Es el mensaje de América, saben, un continente grande y hermoso que va desde Alaska a la Patagonia, que los ancestros de esa tierra han mantenido vivo para nosotros. Estas son enseñanzas acerca de vivir en equilibrio con la naturaleza, honrar a Dios, o al Espíritu Sagrado, y vivir nuestras vidas desde el corazón, con pasión, en amor.